
"go Misioneros"
Evangelio según san Juan 6, 30-35
Ellos entonces le dijeron: ¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Les dijo Jesús: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
Palabra del Señor
Oración
Señor Jesús, hoy me preguntas, -como a Pedro-, si realmente te amo. Junto con el apóstol te repito que ¡te quiero y te amo más que nada en el mundo! Tú lo sabes porque me conoces y siempre me estás buscando para mostrarme el camino que me puede llevar a la santidad.
Petición
Señor, acrecienta mi amor por medio de este momento de oración.
Meditación
Además del hambre físico, el hombre lleva en sí otro hambre, un hambre que no puede ser saciado con el alimento ordinario. Es hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad.
Y el signo del maná —como toda la experiencia del éxodo— contenía en sí también esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esta profunda hambre que hay en el hombre. Jesús nos da este alimento, es más, es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo. Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el cual saciar nuestro cuerpo, como el maná; el Cuerpo de Cristo es el pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la esencia de este pan es el Amor.
En la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: un amor tan grande que nos nutre de sí mismo; un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse alimentar por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.» (Homilía de S.S. Francisco, 19 de junio de 2014).
La Eucaristía es la cena de la familia de Jesús, que a lo largo y ancho de la tierra se reúne para escuchar su Palabra y alimentarse con su Cuerpo. Jesús es el Pan de Vida de nuestras familias, Él quiere estar siempre presente alimentándonos con su amor, sosteniéndonos con su fe, ayudándonos a caminar con su esperanza, para que en todas las circunstancias podamos experimentar que es el verdadero Pan del cielo. (Homilía de S.S. Francisco, 22 de septiembre de 2015).
Reflexión
En el evangelio de hoy buscan a Jesús no por su Persona, sino por su propio interés. Comieron, y con eso tenían bastante. ¿Por qué no se fían más bien de Jesús, del mensaje que les trae? Y ya que ha mencionado a Dios como Padre suyo, le preguntan:
¿Y qué tenemos que hacer para cumplir lo que Dios quiere?
No dicen nada más, pero su pensamiento es claro: ¡Las obras de la ley! Y como ellos, los escribas y fariseos, la cumplía tan bien, según proclamaban siempre, no tenían que añadir nada para hacer lo que Dios quería... Pero aquí estaba su error, que corrige Jesús con una palabras clave:
Ésta es la obra que Dios os pide realizar: que creáis en el que Dios ha enviado. ¡Que creáis en mí!
Contemplaron ayer aquella multitud de tantos miles comiendo el pan multiplicado en sus manos, y no tienen bastante con semejante prodigio...
Jesús trata de elevarlos a mayores alturas, pero no lo va a conseguir: Yo soy el pan de la vida; quien viene a mí ya no tendrá más hambre, y quien cree en mí no tendrá más sed.
Hoy nos fijamos sólo en esta palabra de Jesús que centra todo este párrafo: ¡Hay que creer en el Enviado de Dios! ¡Hay que creer en Jesucristo!
Hoy nos hemos vuelto los hombres muy racionalistas. El hombre moderno hace muy poco caso de los milagros. Preferimos descubrir a Dios en los acontecimientos de la vida. No está mal, con tal que hagamos eso: descubrir a Dios.
Los israelitas en el desierto vieron el milagro o la providencia de Dios cuando les mandó el maná, aquel alimento misterioso. Y, sin embargo, no creyeron en Él. Les interesaba el pan, no Dios que se lo proporcionaba.
Jesús, al día siguiente a la multiplicación de los panes, se queja de lo mismo: a los judíos les interesaba el pan multiplicado ayer en sus manos, y no la Persona de Jesucristo.
Ahora nos puede ocurrir lo mismo: que no nos interese Jesucristo, sino sólo nuestro provecho. De ahí que las diversas ideologías, sociales y religiosas, acuden a la figura de Jesucristo para atraer a su causa la doctrina maravillosa del Evangelio, pero sin aceptar el Evangelio, sin aceptar a Jesucristo tal como se da en su Iglesia. Se contentan con el Jesucristo que se han formado en su propia imaginación.
¡Señor Jesucristo! Consérvanos la fe a todos los que creemos en ti, en una fe firme, que es entrega y es amor. Cuando creemos en ti, la vida se nos hace muy fácil, porque sabemos que Tú vienes a nuestro lado. Y contigo al lado nuestro, ¡qué seguro que tenemos también tu Cielo!
Propósito
Hacer una visita a Cristo Eucaristía para agradecerle su comprensión, misericordia y amor.
Diálogo con Cristo
Señor, no permitas nunca que te llegue a negar. Que ante todos y ante cualquier circunstancia sepa ser fiel a mi fe. Para lograrlo no me canso de pedirte que me llenes con tu amor, para que siempre pueda responderte con generosidad y firmeza, especialmente en los momentos de más dificultad.
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Tema IV "Recibiendo el Don de Dios"
Tema IV
RECIBIENDO LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
por Madre Adela Galindo
Nombres apropiados del Espíritu Santo:
Son muchos los nombres que la tradición, la liturgia de la Iglesia y la misma S. Escritura apropian al Espíritu Santo.
Paráclito: Maestro y Consolador. Maestro porque enseñara todas las cosas y consolador porque impedirá que los apóstoles se sientan huérfanos con la suavidad de su consolación (Jn 14).
Abogado: que pedirá por nosotros "con gemidos inefables".
Creador: Dios envía el Espíritu Santo y las cosas son creadas por amor.
-De Cristo: llena por completo el alma de Cristo.
-De verdad: el verdadero Espíritu de Dios se opone al esp. del mundo y a la sabiduría mundana.
Virtud del altísimo: o poder.
Dedo de Dios: toda la potencia constructiva y creadora. Por el se verifican todas las maravillas de Dios, principalmente en el orden de la gracia y de la santificación.
Huésped del alma: mora en nuestras almas en virtud del Bautismo Sacramental.
Sello: marcados, pertenecemos a Cristo.
Unión, nexo, vinculo, beso: expresa la unión inseparable y estrechísima entre el Padre y el Hijo en virtud del ES, que procede de los dos en una común espiración de amor.
Fuente viva, fuego, caridad, unción espiritual: muestra el carácter o personalidad.
Luz beatísima, padre de los pobres, dador de dones, luz de los corazones: luz de Cristo, luz de la verdad, luz del evangelio, llena nuestras almas pobres por el pecado, distribuye los dones espirituales.
En el sacramento del Bautismo
Recibimos el Espíritu Santo en el bautismo que nos hace participar de la naturaleza divina:
-Hermanos de Cristo y coherederos del cielo
-Nos infunde las virtudes infusas y los dones
La efusión del Espíritu o bautismo en el Espíritu Santo:
Uno de los elementos mas significativos del movimiento llamado Renovación en el Espíritu Santo o Renovación Carismática es el encuentro personal con Cristo vivo y glorificado. Esta gracia es fruto de la efusión del Espíritu Santo. Se trata de la renovación de nuestro bautismo. A través de esta gracia la persona experimenta un nuevo amor y un nuevo deseo de servir a Cristo. Entra en una relación personal con El.
Las bases bíblicas para entender el bautismo en el Espíritu:
En Hechos 1,5 Hechos 8,14-15
Hechos 10
Enseñanza de San Pablo:
-Es el espíritu de Poder: (1 Cor 2; Rom 15; Tes 1)
-Nos ayuda a orar (Rom 8)
-Nos libera de la carne y el pecado (Rom 8)
-Nos revela la sabiduría de Dios (1 Cor 2; Jun 14)
En los hechos de los apóstoles vemos con claridad la actividad del Espíritu Santo en la Iglesia naciente. Se le ha considerado muchas veces, el evangelio del Espíritu Santo.
Que es esta efusión:
1- Es una oración de fe y no un acto sacramental.
No se trata de un sacramento. La persona se hace cristiana a través de un proceso que consiste de:
a) la conversión y la fe en Cristo
b) la recepción de los sacramentos de iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía.
Todo aquel que ha recibido los sacramentos de iniciación cristiana ha sido hecho hijo de Dios, ha sido incorporado a Cristo muerto y resucitado, ha recibido el don del Espíritu Santo, y puede participar en la Eucaristía, banquete de la nueva alianza.
c) La efusión del Espíritu no remplaza sino que está vinculada al sacramento.
La oración por efusión del Espíritu Santo, consiste en una oración llena de fe y esperanza que la comunidad eleva a Jesús para que derrame Su Espíritu, de manera nueva y en mayor abundancia, sobre la persona por la que se pide.
Esta oración se hace generalmente mediante la imposición de las manos, la cual no es un rito sacramental, ni mágico, sino una gesto de amor fraterno, una expresión de comunión humana, un signo externo de solidaridad en la oración, con el deseo ardiente, sometido a la voluntad de Dios, de que Jesús derrame sobre nuestro hermano/a el don del Espíritu Santo que El nos ha comunicado.
2- Es una nueva misión del Espíritu Santo:
Esta nueva efusión del Espíritu Santo puede explicarse como una "misión divina", significa que surge en la criatura una relación nueva para con el Espíritu. Sabemos que, aunque estemos bautizados, necesitamos orar para que las gracias recibidas en el sacramento se aviven en nosotros. Muchos bautizados no crecen con una profunda relación con Jesús. Vemos en la vida de los santos que en algún momento en sus vidas tomaron una profunda conciencia de su fe. Un golpe de gracia que después irá creciendo por toda la vida.
La misión del Espíritu Santo: -aumento de gracia para un nuevo estado de gracia, progreso en virtud, manifestación de un carisma.
3- Es una gracia que renueva y actualiza las gracias ya recibidas.
Esta nueva efusión es una gracia que renueva, actualiza de manera existencial y pone en actividad el rico caudal de gracias que Dios ha dado a cada uno a través de los sacramentos recibidos. En unos pondrá en actividad lo recibido solo en el bautismo y en la confirmación; en otros, lo que Dios ha dado también a través de la reconciliación y la eucaristía. En otros activará la gracia matrimonial...sacerdotal, etc. También beneficia los carismas necesarios para el estado de vida.
La eficacia que tiene para reactivar el Bautismo requiere una respuesta : El hombre pone lo suyo, es decir, realiza una opción de fe, preparada en el arrepentimiento, lo cual permite que la obra de Dios sea "liberada" y desencadene toda su fuerza. La efusión es una confirmación espontánea del sacramento de la confirmación , en la que el Espíritu actúa no en virtud de la institución, sino en virtud de la libre iniciativa del Espíritu y de la disponibilidad de la persona. NO se opone a la institución sino que armoniza perfectamente con ella.
4- Es una gracia que libera de obstáculos y ataduras:
Desde el primer momento de nuestra incorporación a Cristo por los sacramentos de iniciación, poseemos el Espíritu Santo, el cual habita en nosotros en su propio Templo. Sin embargo, debido a obstáculos, heridas, barreras que voluntaria o involuntariamente ponemos, la acción del Espíritu Santo quizás no ha llegado a actuar en plenitud en nosotros.
Esta nueva efusión es una gracia que rompe la dureza de nuestro corazón, remueve las trabas, derriba los obstáculos y nos dispone para que el Espíritu actúe en nosotros con toda libertad. Son gracias de liberación, que el Espíritu Santo quiere obrar en el interior de la persona. El don de Dios llega por fin a "desatarse" y el Espíritu se difunde como perfume en la vida cristiana.
Esta efusión no es la única forma de renovar la gracia bautismal, pero si ocupa un lugar especial por el hecho de estar abierta a todo el pueblo.
5- Nueva experiencia del Espíritu Santo
Es una nueva apertura a la acción, movimientos, dirección, inspiración, del Espíritu Santo. Toda su persona, su mente, sentimientos, pensamientos y voluntad son tocados por la acción de Dios.
6- Principio de vida nueva
Se manifestarán los frutos para edificar nuestras almas y dones o carismas para edificar la iglesia.
Algunos de los frutos:
-conversión interior y transformación de vida
-luz poderosa para comprender mejor el misterio de Dios y su plan de salvación
-compromiso personal con Cristo y gozo
-apertura a la acción del Espíritu Santo
-ejercicio de las virtudes
-entrega generosa al servicio
-deseo de oración y lectura de las S. Escrituras.
-amor a los sacramentos
-devoción a la Stma. Virgen
-amor a la Iglesia
-fuerza para dar testimonio, etc.
7- Fuente de carismas y frutos del Espíritu Santo.
Beneficia al creyente en todo su ser, tocando el cuerpo, el espíritu y el alma. (1Tes 5). Es normal, que la persona, durante o después de la oración, tenga una experiencia de Dios y de Su acción con efectos sensibles: paz, gozo, curación de heridas o enfermedades, amor, reconciliación, etc.
En esta efusión se reciben los dones carismáticos, según el Espíritu Santo quiera distribuirlos: dones de alabanza, profecía, sabiduría, discernimiento de espíritus, lenguas, curación, visión, conocimiento, etc.
Estos dones deseados y discernidos llena de poder a los miembros del Cuerpo para que puedan con amor y entrega generosa ponerse al servicio de la Iglesia.
8- Inicio de un nuevo caminar con el Espíritu
Esta efusión no es sino la actualización de la vida bautismal, ya recibida anteriormente pero que se había adormecido; un nuevo caminar al impulso del Espíritu; un vivir realmente en plenitud la vida cristiana.
Todos los Papas han apoyado la Renovación en el Espíritu Santo desde que esta renovó la conciencia en la Iglesia de esta gracia. Pablo VI imploraba por este nuevo Pentecostés en la Iglesia y en cada individuo: "Una nueva efusión del don de Dios; que venga pues el Espíritu Creador a renovar la faz de la tierra". (Mayo 75). Juan Pablo II igualmente ha hablado abundantemente sobre la necesidad de recibir mas y mas las gracias del Espíritu.
9- Poder para vencer el pecado:
A través de la efusión las personas han recibido una profunda experiencia personal con Jesús y les produce un gran poder para combatir las tendencias de la carne, el pecado y el mundo.
Como se da esta efusión?
Tiene una parte secreta, misteriosa, de Dios. El actúa en cada persona de manera diferente, intima y personal y una parte perceptible: de la comunidad, que es una especie de signo. Consiste sobre todo en tres cosas: amor fraterno, imposición de manos y oración. Son elementos no sacramentales, sino simplemente eclesiales (símbolos tradicionales en la iglesia).
La imposición de manos:
puede tener dos significados: un significado de invocación y otro de consagración. En la efusión del Espíritu Santo la imposición de manos tiene solo un carácter invocatorio. Tiene también referencia a la imagen del Espíritu Santo que cubre con su sombra; recuerda también al Espíritu Santo que aleteaba sobre la superficie de las aguas .
Los otros dos elementos son, la oración y el amor fraterno:
-El amor fraterno es signo y vehículo del Espíritu Santo; el Espíritu Santo que es el Amor, encuentra en el amor fraterno su ambiente natural, su signo por excelencia. Este clima de verdadero amor para con el hermano es crucial para recibir la efusión.
-La oración se coloca en estrecha relación, en el NT, con la efusión del Espíritu Santo. "Jesús mientras estaba en oración el cielo se abrió y descendió el Espíritu Santo". La oración hizo que esto sucediera. Igual en Pentecostés, Jesús dijo: "Yo rogare al Padre y les enviara el consolador" (Jn 14)
La imposición de manos, la oración y el amor fraterno son signos sencillos, simples, pero precisamente las acciones de Dios están marcadas por la simplicidad. Simples en sus expresiones externas, pero poderosas por lo que efectúan en las almas. Simplicidad y poder.
La simplicidad debe resplandecer en todo, en los gestos, en la oración, en los medios.
La efusión sin ser un sacramento es sin embargo, un acontecimiento espiritual. Un acontecimiento, porque es algo que sucede, que deja su signo, que crea una novedad en la vida; pero un acontecimiento espiritual, o sea que acontece al espíritu, al interior de la persona, por el poder del Espíritu Santo.
El don del Espíritu Santo, que es el infinito amor de Dios no lo podemos poseer totalmente, y por esta razón, se necesita pedirlo repetidamente a través de la oración y en diversas ocasiones. Es necesario reavivarlo y reinflamarlo.

